Relato 16 de 30
Yo por mi hija mato. - María del Carmen Juana García Fernández
Primero fueron los moratones que vi en los brazos de mi hija. Después fue el miedo que tenía la niña a dormir sola. Los pretextos que ponía para no ir a clase de Judo: que si me duele la tripa, que si tengo que estudiar... Eso no era normal, con lo que le gusta ir a Judo. Más tarde, observé la desconfianza de quedarse sola con cualquier varón mayor de 14 años, aunque fuera de la familia. Eso hizo que la insistiera, en si la pasaba algo, y ella dijo que no. Pero una tarde en que decidí llevarla a Judo, a pesar de sus protestas, nos encontramos al profesor. Ella se escondió detrás de mí, y al acercarse él, noté un charco de agua en el suelo, se había hecho pis. No me hizo falta saber más. Llevaba en la mano la blusa, que acababa de recoger del tinte, con su bolsa y percha de alambre puesta. La empecé a retorcer con mi mano diestra mientras que con la siniestra seguía apretando la mano de mi niña. -Nos tenemos que ir al medico -le dije al profesor- Jimena no se encuentra bien. -¿Pero para qué la vas a llevar al médico? -Preguntó el judoca burlonamente- con lo buena que está... -Mira, no me hagas hablar. -Le respondí bastante enojada, mientras que la blusa y la bolsa, descansaban en el suelo, y en mi mano solo quedaba la percha. -Oyes, me parece que te estás pasando. -respondió él, mientras retrocedía hacia atrás. -Pasando, dices!! que me estoy pasando yo... En eso que su espalda topa ya con la pared del gimnasio, en la fachada hay una antena, que se ha debido caer con la tormenta de hace unos días, que le hace perder el equilibrio. Ese es el momento que yo aprovecho para levantar mi mano derecha y clavar el picó de la percha en su cara, quedando hundido en su ojo. No esperé a ver más, me di la vuelta airadamente con mi hija, recogí la blusa que estaba en el suelo y nos fuimos de allí.