Relato 30 de 30
Casualidades de la vida - Francisco Solero
Estaba tumbado en la hamaca, en la playa, leyendo un libro, cuando de pronto ¡zas!, un pelotazo que me desplazó el libro, mi primera reacción fue el mirar a ver quién había sido, se me acercó una niña de 4 o 5 años pidiéndome perdón, era una niña preciosa, parecía una muñeca, pelo rubio, ojos marrones y unas cuantas pecas en la cara, me desapareció el enojo y le dije que la perdonaba pero que tuviera más cuidado, pues podría dañar a alguien, la pregunté cómo se llamaba y me contestó: ROMINA, en su media lengua, me dijo que sus padres eran italianos, pero que ella había nacido en España y que vivían en Málaga, mientras hablaba con ROMINA, vinieron sus padres, pues andaban buscándola, la preocupación se les pasó cuando la vieron hablando conmigo, me preguntaron si me había molestado y les contesté: nada, cosa de niños, un pelotazo nada más, nos pusimos a hablar y me contaron que se habían venido de Italia de la región de La Toscana, y habían elegido Málaga, por su clima y su gente, ya que habían viajado otros años a España y les había encantado, yo me presenté y les dije que me llamaba Fernando y que era malagueño, que estaba en mi día de descanso, ya que era médico y venía a la playa a relajarme un poco, me dijeron que ellos eran arquitectos y que trabajaban en un estudio de arquitectura. Mientras charlábamos, ROMINA, seguía jugando con su balón de playa. Nos cruzamos el número de teléfono y quedamos en vernos otro día, les pregunté por sus nombres cuando me lo dijeron me quedé un poco sorprendido, ya que me dijeron que se llamaban: ROMINA Y AL BANO, y que en su tiempo libre, suelen cantar en los Centros de Mayores y Residencias.