Relato 3 de 30
La soledad no deseada - María Jesús Fernández Cuadrado
María estaba muy triste. El duelo por la pérdida de su marido estaba durando demasiado tiempo y, además, sentía la nostalgia del nido vacío. Sus hijos vivían en otra ciudad y no podían visitarla con la frecuencia que les gustaría.
Constantemente la invadían recuerdos del pasado: la infancia de sus hijos, los años tan felices que vivió junto a su marido; en resumen, toda su vida anterior. Siempre inmersa en esos pensamientos, la situación la hacía sufrir.
Un día, al mirar el buzón de correo, encontró unas hojas informativas del Ayuntamiento de su ciudad. Al leerlas, descubrió información sobre actividades organizadas para personas mayores. Nunca se había preocupado por informarse sobre esas cosas, pero ese día se tomó un poco de interés y decidió documentarse mejor.
Se puso en contacto a través del teléfono que proporcionaba el folleto con las animadoras socioculturales. La animadora con la que habló se mostró muy atenta, percibió que María estaba demasiado triste y necesitaba apoyo. Fue a visitarla y la invitó amablemente a asistir a alguna actividad. Aunque un poco reacia, María se armó de valor y decidió acudir.
Esa tarde la compartió con personas mayores como ella. María se sintió acogida y arropada; jugó, rió y compartió cómo se sentía. Aquel encuentro cambió su perspectiva, y decidió seguir asistiendo a las actividades. ¡A partir de entonces, no se sintió tan sola!