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Hojas manuscritas, un lápiz y una taza de café sobre una mesa
Concurso de Microrrelatos Coslada 2026
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Relato 22 de 30

Una noche mas - Nina Díaz Márquez

Hacía calor. Noche estrellada. Luis, sentado en la puerta de la casa, esperaba la hora de retirarse a su cuarto. Por la calleja apareció Benito. Aspecto duro, alto, fuerte. Resultaba agradable en su porte, incluso agraciado.

- ¡Buenas! ¡"La caló" aprieta! Dijo al ver a Luis. - Si. Buen día de calor el de hoy. - Ya va siendo hora de recogerse, que mañana vendrá otra vez pegando fuerte y espera el tajo. - Y usted que lo diga, ése no falla. - Y que no falte. - ¡Quede usted con Dios! - ¡Con Dios vayas muchacho!

Luis se levantó, agarró la silla desvencijada y antes de entrar, como de costumbre, miró embelesado al cielo. Ni siquiera una nube. Mañana sería otro día árido en el que la tierra no nutre los campos. El relente de la noche hacía mella en su piel reseca, maltratada tantas veces por el sol implacable del verano, por las lluvias del invierno, y por todas las miserias arrastradas a lo largo del tiempo.

- ¿Con quién hablabas? preguntó Paco, sentado a unos metros en el umbral de su casa. - Era Benito, el zagal de Teresa. Va de recogida. - ¡Buen muchacho! - Sí, lo parece. Y a trabajador, según comentan, no hay quien le gane.

El silencio volvió entre los dos.

- Habrá que recogerse también. Dijo al fin Paco. - Yo ahora mismo me “enrosco” en la cama. Le contestó Luis. - Y yo te sigo. ¡Hasta mañana si Dios quiere!

Paco y Luis siempre se despedían de la misma forma, era un ritual.

Al atrancar la puerta, se oyó un sonido bronco limado por la pesada llave al girar. Si el colchón lo permite, Luis dormirá bien esta noche. Manuela le espera dentro desde hace rato. Los quehaceres de la casa ya la abruman. Sobre su regazo posa una camisa gastada por el uso, que zurce de la misma forma que su madre le enseñara. Pura filigrana. Es tarde, el viejo reloj marca las horas. Ya acoplados en el lecho, los dos parecen rendidos a Morfeo